La Epístola

Memo, Débora y Lena Kincaid
Memo, Débora y Lena Kincaid


Apreciados hermanos en Cristo,

Abril 17, 2008

Apreciados hermanos en Cristo,

Les saludamos en el nombre de nuestro bendito Señor y Salvador Jesucristo, el único digno de adoración. Débora y yo extrañamos mucho a México, nuestros hermanos en Toluca, y la comunión cercana de todos los hermanos colaboradores en las ciudades del corazón de México. Pero estamos bien y bendecidos, mientras esperamos al Señor. Hemos hecho algunas decisiones recientemente que les queremos comunicar.

Desde el momento que fui deportado en octubre supe que era un movimiento de Dios. Habíamos sido arrestados o detenidos o estorbados por autoridades locales tantas veces antes y Dios siempre nos había sostenido y había protegido nuestro ministerio. Pero esta vez permitió que fuéramos expulsados, lo cual inmediatamente reconocimos como algo especial. Además, habíamos considerado anteriormente la posibilidad en el futuro de mudarnos de México, pensando en las necesidades de la iglesia de San Antonio, especialmente cuando dos de los tres pastores sufrieron infartos y fueron operados del corazón. La madurez de las obras en México, la capacidad de los pastores de las diferentes iglesias, y el celo de los misioneros de seguir ampliando su visión para otras ciudades, nos dieron confianza de considerar cambiar nuestro enfoque. Pero los pastores de San Antonio mejoraron, el sentido de emergencia pasó, y al pensar Débora y yo de dejar a México, reconocimos que nunca podríamos mudarnos voluntariamente. Amamos demasiado a nuestra comunión con los hermanos, y valoramos demasiado nuestra vida ahí. Dijimos al Señor que si él quería que fuéramos a otro lugar, tendría que hablar clarísimamente, y muy contentos dejamos de considerarlo. Hasta que nos expulsó.

Comentamos nuestros pensamientos con los pastores de San Antonio, todos preguntándonos si esta cosa fuera la voluntad de Dios. Después de considerar todo, la situación de la iglesia en San Antonio, la madurez de las obras en México, y nuestras oraciones durante los últimos años acerca de la voluntad de Dios, me confirmaron que es una decisión de Dios que cambiáramos de ministerio. No tanto porque fuimos expulsados, por supuesto, algo que Dios puede remediar sin dificultad si quiere, sino por todas las consideraciones juntas. Decidimos que por ahora es la voluntad de Dios que Débora y yo quedemos en San Antonio, ministrando aquí como Dios nos permite. Débora resistió la idea un poco, no por resistir la voluntad de Dios, sino porque extraña mucho a México, pero aun ella entiende que lo que nos ha pasado es un movimiento de Dios. Es importante aclarar que esto es completamente aparte de la situación de Miguel y Terri Jackson, que tendrán que averiguar por sí mismos lo que Dios está pensando acerca de ellos. Pero Débora y yo estamos preparándonos para quedarnos aquí. Débora ya tiene trabajo, y yo este mes estoy renunciando mi comisión como misionero de la iglesia de San Antonio.

Obviamente esto no quiere decir que no pensamos volver a México nunca. Tan pronto que nos sea posible pensamos visitar a todas las iglesias. Les extrañamos mucho. Apreciamos mucho todas las llamadas por parte de nuestros hermanos, y las noticias de la Espada (http://www.laespada.es.tl/). Ustedes nos son "carísimos," todos ustedes. Pedimos con muchos ruegos que todos ustedes se amen unos a otros, porque amamos a todos ustedes. Les encomendamos todos nuestros hermanos que ya no vamos a poder cuidar, sabiendo que el mismo amor que está en nosotros, está también en ustedes. Esperamos con mucha ansiedad ver sus caras otra vez. Mientras, pido que oren por nosotros, porque nos ha sido muy pesado emocionalmente este pasado medio año. Estamos tristes, pero "esperanzudos." Como dice el himno, no conocemos el futuro, pero conocemos aquel que tiene el futuro en sus manos. Que Dios les bendiga.

Memo y Débora